lunes, 26 de abril de 2010

Segundos

Puedo contar los segundos que he estado en ese estado. Puedo recordar cada uno de ellos. Puedo pensar en ellos infinitamente. Puedo hacer todo esto, pero aún no puedo entenderlo. Siento que algo ha pasado y siento que me muero porque continue pero no entiendo lo que viene, no entiendo. Tal vez solo tenga que esperar, seguir como he estado, tratando de sobrevivir. He llegado al punto en que solo esta esperanza es lo que me sostiene, no quiero perderla. Espero ir en el buen camino. Me he rendido, por completo, no soy nada frente a tí. Ahora no tengo miedo de decirlo.

domingo, 25 de abril de 2010

Sunday Morning...

Estoy aquí sentado, escuchando la radio, queriendo escribir, queriendo estar acompañado, queriendo nadar, queriendo estar con ella, queriendo tantas cosas que al final me doy cuenta que mientras más tenga algo más faltará. Creo que he descubierto una parte de mí que nunca imaginé, creo que la estuve guardando para un momento indicado pero cuando llegó no salió como pensaba. No entiendo cómo es que me puedo sentir de esta manera, no entiendo lo que siento y ahora me pongo a pensar en cuantasmentiras dije, tal vez mentiras necesarias, pero entonces no sabía que mentía. Estoy en el mismo lugar que muchos llegaron pero aún estoy solo, a punto de morir. Creo que sólo una cosa me haría sentir que no es posible tener más en la vida.

No entiendo cómo es que pueda seguir respirando. Algo me da que puedo seguir, algo me da que puedo sonreir, es como que si tuviera una gota de agua cada día en el desierto de mi vida.

...and I'm falling

sábado, 17 de abril de 2010

II

Siento la demora, han pasado muchas cosas que afectaron mi inspiración para terminar este pequeño cuento. A los pocos lectores que tengo: Me gustaría que comenten ya que es mi primer intento de cuento en mi vida, vale mucho si me dijeran qué es lo que faltó. Ahora ...
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La primera imagen que pudo distinguir fue la del mismo bosque, probablemente el mismo lugar donde cayó, pero no había árbol muerto, todo era normal, todo en ese bosque era perfecto. Se dio cuenta que veía todo desde muy alto, sus ojos eran parte de un árbol en el bosque, tal vez se había convertido en uno de ellos. Podía sentir los miles años de vida de cada árbol mientras se preguntaba cómo era posible que nunca se habían caído y por otro lado qué sería lo suficientemete fuerte cómo para tumbar a uno de ellos.

Sentía la brisa del bosque mover sus ramas, una y otra vez, unas veces más fuertes otras más suaves, se sentía tranquilo en medio de este bosque, no podía pasar nada malo, todo era perfecto, siempre. Y en medio de la quietud, después de sentir una brisa suave pasar, vio entre las ramas de un árbol una flor que nunca había visto. Era tan hermosa y delicada que sentías que hasta el más mínimo viento la podía arrancar, aún así éso nunca paso. Aquella flor iluminaba el lugar con su color tan brillante, llamaría la atención de cualquiera que paseara por este bosque. Era una flor tan bella y perfecta que era difícil para nuestro hombrecillo fijarse nuevamente en otra cosa en el bosque, sus ojos estaban quietos y no querían moverse, esa flor es la más preciosa que alguien pudo ver en la eternidad. Se notaba su delicadeza, daría miedo tocarla con la yema de los dedos pero sin duda hubiera sido una experiencia incomparable, así como el olor que desprendía, era dulce y reconfortante, una vez que te acercabas a esa flor, todos tus sentidos no iban a tener propósito alguno sino era de admirar tremenda perfección.

Fue después de un largo tiempo de observación que nuestro protagonista pudo ver otro árbol que estaba viendo la misma flor que él. La contemplaba con gran atención, se podía sentir en el aire que aquel árbol había vivido siglos y que nunca había visto una cosa así. No podía creer que había estado toda su vida ahí, creciendo hasta tocar el cielo, y cosas tan bellas como esta flor solo aparezca una vez. La brisa aumentó un momento. El árbol vio la flor menearse con el viento. Su aroma se podía percibir en todo el lugar. Las brisas nunca habían sido tan buenas para éste árbol.

El hombresillo sintió horas pasar, muchas horas, tal vez juntas harían días, y si juntábamos un poco más: semanas, y no sintió velocidad alguna, pero estaba seguro que habían pasado meses. El árbol había estado todo este tiempo observando la hermosa flor. De pronto, el árbol estalla en desesperación, sus ramas se comienzan a mover, un par de hojas caen y se sentían las raíces mover el suelo en el que estaba plantado. Había llegado el momento inevitable, el árbol llegó a las terrible conclusión que aquella flor era la razón por la que él vivió tantos años y creció tan alto, toda su vida había esperando por un propósito a su naturaleza y después de tanto tiempo, éste apareció de la nada frente a él, tan cerca, tan inalcanzable.

El árbol odio su ser, sus raíces no lo dejaban acercarse más a la hermosa flor, se preguntó si ésta era la razón de su vida por qué tenía que ser tan difícil acercarse lo suficiente para ser feliz. Una y otra vez se movía en desesperación, cada vez más hojas caían, era como ver lágrimas resbalar por las mejillas de un rostro sin esperanza alguna, condenado a ser lo que era y no poder alcanzar la felicidad. La impotencia lo volvía loco, cada vez era peor, mientras más intentaba pensar en que tarde o temprano esa flor iba a desaparecer tan repentinamente como vino, más ganas de estar con ella venían, preferiría haber estado un día cerca a ella que cien años cerca a diez.

Hasta que el momento llegó. El árbol no lo soporto, aprovechó una noche de tormenta para reunir todas sus fuerzas y poder cumplir su sueño. La tierra en todo el bosque se movió, fue un terrible terremoto, las raíces que habían estado allí durante siglos se movieron por primera y única ves. Las ramas se fueron doblando cada vez más hacia la hermosa flor. El árbol finalmente pudo levantar sus raíces y moverse todo lo que su tremenda naturaleza le permitió. Se dobló y se deslizó hacia la flor, hasta que la punta de su tronco llegó.

El árbol fue feliz, la pudo tener por un momento, fue tan eterno como instantáneo, tan hermoso como el mismo cielo, tan perfecto como aquel bosque.

Algunas ramas no soportaron el movimiento y cayeron. El árbol se veía cada vez más débil. Sus raíces no lo alimentaban. Se dio cuenta que, fuera del suelo, pronto moriría. Lo que se sintió los siguientes días fue horrible. El hombresillo podía ver cómo el árbol iba muriendo mientras la flor seguía inmóvil. El árbol había dado todo de sí para llegar a ella y ella simplemente no respondió. El hombresillo no podía entender esta situación, ¿cómo es que un ser tan grande y milenario podía dar su vida por una respuesta que no lo iba a hacer completamente feliz? ¿O es que lo habrá hecho? ¿El árbol habría llegado a ser tan feliz como esperó? ¿Valió la pena dar todo para recibir tan poco? ¿Qué era eso que el árbol sintió antes, durante y después de hacer lo que hizo? ¿El árbol habría muerto feliz sin la mirada de su flor hermosa?

El hombresillo rápidamente despertó y lo primero que vio fue el resultado de aquella gran desgracia. Se puso a pensar en lo que soñó y emprendió su camino de nuevo. No pudo entender lo que el árbol sintió. El hombrecillo no había sido testigo de un sentimiento tal como ese. Tal vez esto nos diga por qué este mundo era tan perfecto. Lo que el hombresillo no entendió, lo que el árbol sintió, la causa de que el orden perfecto del bosque perfecto deje de ser perfecto y tranquilo, la única fuerza capaz de hacer que las cosas cambien su curso para siempre fue lo que nosotros conocemos como amor.


FIN

domingo, 11 de abril de 2010

BANG!

Cuánto puede hacer una sonrisa por una persona, no solo la sonrisa sirve para el emisor sino para el receptor. Tanto como un abrazo o un beso las sonrisas son en mi vida indispensables, pero en especial una es la que no tiene descripción alguna ni manera de agradecerla. Las palabras faltan y el tiempo se detiene. Me detengo a observarla y no creo lo que veo. No es solo esa sonrisa, sino lo que hay detrás, conozco esa sonrisa, cuántas veces quize ser la razón de ella. El tiempo pasó y la sonrisa es la misma, yo no. No puedo, ahora más que nunca, negarme y mentirme cada vez que la veo, esa sonrisa hace que mi mundo gire, que mis pulmones respiren, que mis labios sonrían cada vez más.

jueves, 1 de abril de 2010

I

En tierras lejanas, tal vez tan lejanas que escapan de nuestro entendimiento, existía la paz y la armonía. Tierras vírgenes que no habían padecido la guerra, no habían sufrido aún por odio o por amor. Se encontraba un hombrecillo caminando entre uno de los infinitos bosques. La luz del día llegaba a sus ojos de una manera tan sutil que no era necesario arrugar un poco los párpados aunque esté en pleno amanecer, la sombra de estos árboles milenarios lo cubría todo creando un ambiente perfecto para despejar un par de ideas, filosofar sobre la existencia de un mundo tan perfecto o simplemente tratar de decifrar la edad de aquellos bosques, tan antiguos como la tierra misma que aquel hombrecillo pisaba. No sabremos a ciencia cierta a dónde se dirigía aquel hombrecillo, su rostro no mostraba sentimiento alguno. Si su mente estaba en otro lado, en otro estado, no lo hubieran notado. Simplemente caminaba, sin rumbo. Olfateaba cada flor hermosa que veía y trataba de palpar todos los árboles que podía. Aquel hombrecillo se dirigía tal vez a su casa, tal vez se despedía de la misma, tal vez no la tenía, tal vez simplemente quería estar solo y buscar paz en aquel bosque lleno de ella. Paso a paso se fue acercando a una escena terrible, nunca antes vista en esas tierras, una escena que solo pasaba en tierras más cercanas a las nuestras. Nosotros tal vez no nos asombraríamos de aquella escena, nosotros la habíamos visto en todas partes, nos habría parecido algo tan normal que definitivamente no hubiéramos permitido correr una lágrima por nuestras mejillas ante tal atroz y extraña escena como lo hizo aquel hombrecillo.

Lo que el hombrecillo vio fue algo tan raro como penoso. Uno de los árboles había caído. El hobrecillo corrió hacia el árbol caído trato de levantarlo, trató de arreglar la escena, negó la realidad, se negó a lo que veía, una y otra vez. Entonces cuando se dió cuenta que todo estaba perdido, que todo a partir de ese exacto momento nada podía seguir en armonía, dejó de jalar. Entonces, resignado, observó minuciosamente el terrible insidente.

Pudo notar que el árbol no había caído de una forma natural. Sus raíces, las cuáles el hombrecillo nunca había visto antes, estaban a dos metros de el agujero que habían dejado, ninguna de ellas estaban siquiera en la orilla. Entonces el hombrecillo dedujo que algo había empujado aquel árbol caído, algo como un viento fuerte lo había tumbado y algo más lo había movido, arrastrado hasta las faldas de otro árbol peculiarmente hermoso en comparación con los demás, seguramente era un árbol relativamente joven.

El hombresillo continuó con su investigación y logro ver que la punta del tronco principal del árbol caído estaba justo en la punta del árbol que lo soportaba. Entonces le vino a la mente la mejor idea: usar al árbol caído como puente para llegar a la punta del tronco principal de aquel otro árbo, para luego subirse por sus ramas y llegar a la rama más alta y ser el primero en ver todo el bosque desde el cielo.

Mientras subía por el tronco del árbol caído escuchó aumentar la intensidad del viento, las ramas del árbol caído se movieron como nunca la había visto el hombrecillo, pero éste decidió no prestarle antención y seguir. Una vez que llegó a la intersección de ambos árboles y su mano derecha tocó el árbol parado, el viento se intencificó de tal manera que tumbó al hombrecillo y cayo contra el pasto, cayó muy fuerte y su vista comenzó a borrarse poco a poco hasta que quedó inconciente.

Largo fue el tiempo en que el hombrecillo estuvo en aquel estado, pero en medio de la nada, de su mente, unas imágenes comenzaron a venir con gran fuerza vió colores mezclados y pronto se transformaron en imágenes. El hombrecillo vió una pequeña historia tan cruel como extraña, una histroria que no tenía idea que pudiera suceder.